Onicofagia: Como dejar de morderse las uñas

Morderse las uñas compulsivamente es una manera de descargar la ansiedad y un hábito que afecta a un 45% de los niños y un 10% de los adultos. Dejar esta mala costumbre es, básicamente, cuestión de fuerza de voluntad. A éste hábito de morderse las uñas, se le conoce como Onicofagia, y en este artículo vamos a ver en qué consiste, en qué nos afecta y cómo podemos conseguir dejar de mordernos las uñas compulsivamente.

Hábito compulsivo: Onicofagia

La onicofagia es un hábito compulsivo que se empieza a manifestar durante la niñez, especialmente entre los niños más nerviosos. Se calcula que alrededor del 45% de los niños mayores de 3 años adquieren este hábito que suele dejar después de la adolescencia, aunque perdura en un 10% de los adultos.

Según los psicólogos, las causas son de origen psicológico y situaciones de ansiedad nerviosismo, depresión, aburrimiento, angustia o violencia propician que una persona se empiece a ratar las uñas. Lo que empieza siendo un medio de descargar la tensión se convierte, sin embargo, en una costumbre que puede durar toda la vida, hasta el punto de llevarse las manos a la boca de forma automática y ante cualquier situación por rutinaria que sea.

Un problema estético

Aparte de las limitaciones prácticas que conlleva no tener un mínimo de uña -habéis intentado recoger una moneda del suelo, separar una cinta adhesiva, despegar una etiqueta o rascar una superficie sin la ayuda de las uñas, sólo con el blando los dedos? – Las consecuencias más importantes de morderse las uñas son de carácter físico y acusan a los dientes y, por supuesto, a las mismas uñas.

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¿Cómo dejar de morderse las uñas?

En los dientes, porque el roce constante de los dientes superiores con las inferiores mientras nos mordemos las uñas hace que estos dientes se desgasten más de lo normal y puedan llegar a tener una apariencia de recortes, con el esmalte más gastado de lo que es habitual. Y a las uñas, porque si las ratem continuamente impedimos que crezcan bien y, cuando el problema es muy acusado, que se creen microtraumatismos que alteren la anatomía de la uña. Además, en estirar las cutículas provocamos pequeñas heridas y se pueden provocar uñeros que hacen que dicho inflame y duela. Encima, los que se tragan las uñas ratades corren el peligro de que impacten o se incrusten en la faringe y provoquen lesiones inflamatorias.

Este mal estado de las uñas y los dedos provoca, al mismo tiempo, otras reacciones de origen psicológico, como la vergüenza de enseñar las uñas ratades y los dedos infectados, la reserva a compartir o participar en juegos y actividades en las que se han de exponer libremente las manos y, especialmente, un ataque a la autoestima, porque a pesar de ser consciente del daño que se está haciendo y cómo este mal hábito afecta su imagen, la persona que se muerde las uñas encuentra muy difícil dejar -lo que hacer.

Si bien la incidencia de la onicofagia se da por igual en ambos sexos, es también el factor estético lo que hace que sean las chicas las primeras en buscar la manera de dejar este hábito.

Fuerza de voluntad

Dejar de morderse las uñas es como dejar de fumar: debemos estar realmente concienciados que lo queremos hacer y depositar toda la fuerza de voluntad posible.

Hay métodos como limar y pintar las uñas a diario o cubrirlas con sustancias amargas que podemos encontrar en la farmacia, pero en muchos casos no son soluciones efectivas, porque los esmaltes acaban roídos al poco rato y la amargura acaba tolerante.

Según los expertos, lo que hace falta es tomar conciencia del problema y observar en qué momentos nos acercamos la mano en la boca: cuando estamos nerviosos, mirando la televisión, mientras leemos, mientras estudiamos … con el fin de identificarlos como los de máximo riesgo y poder evitarlo.

En el caso de los niños, hay que advertirles sin presionarlos demasiado ni recriminarles excesivamente, porque un sentimiento de culpa es, en este sentido, contraproducente y no haremos más que agravar el problema. Se trata de que se den cuenta que con este hábito sólo consiguen dañarse las uñas y desfigurar los dedos.

No obstante, cuando el hábito está tan arraigado que las uñas prácticamente han desaparecido y los dedos están llenos de heridas, el médico puede aconsejar algún tratamiento más efectivo.

¿Qué puedo hacer para dejar de morderme las uñas?

  • Identificar cuáles son las situaciones que nos crean más ansiedad por estar alerta y, si no las podemos evitar, morder cualquier cosa alternativa, tales como regaliz -sin abusar nece- o un chicle sin azúcar.
  • Hacer ejercicios de relajación para evitar los estados de ansiedad que nos empujan a este mal hábito.
  • Detener en seco movimientos involuntarios como acercarse la mano a la boca, jugar con los dedos o levantarse las cutículas. Si necesitamos hacer algo con las manos podemos jugar con una pelotita o un utensilio antiestrés.
  • Aplicar algún líquido amargo porque el mal gusto nos haga desistir de poner los dedos en la boca.
  • Si somos mujeres, limar las uñas a diario, aplicar un endurecedor y pintarlas con esmalte. Ver el gozo que hacen en buen estado nos puede ayudar a no morderlas.
  • Pensar en el mal ejemplo que damos a nuestros hijos y que estos pueden acabar imitando hacernos, con lo cual tendríamos un doble problema.
  • Hacernos una constante autocrítica sobre el estado de nuestras uñas y dedos.
  • Con estas premisas y la fuerza de voluntad deberíamos ser capaces de dejar de morderse las uñas. No obstante, si las causas que nos incitan a hacerlo están muy arraigadas y son difíciles de controlar, se recomienda consultar a un psicólogo para combatirlas.
Onicofagia: Como dejar de morderse las uñas
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